viernes, 26 de agosto de 2011

Nadando entre alfileres.


Cientocincuentamillonesdeveces lo he dicho y no me canso, tengo unos amigos tremendos y no me salen versos realistas que puedan englobar esa puta grandeza y tienen ustedes razón me puede pasa esto y lo otro y lo de mas allá y ando con la piel de gallina…pero esta en peligro de extinción.

Quizás por eso levante hoy esa bandera, porque normalmente nos olvidamos de la justicia de los agradecimientos, nos equivocamos otrasmillonesdeveces pero ellos andan ahí supurando tus heridas y haciendo sonreir tus ojos cabizbajos si tengo un infierno en el pecho lo expulsan y se inventan un purgatorio bonito y con vistas al mar, soleado y con aire acondicionado, inhalan el aire que respiro y me invitan a formar parte de su familia invitándome a tortilla y pimientos.

Ellos conocen mis bajezas, mis desastres, mi grandezas y mi normalidad casi como en mi casa, tengo alguno que si pudiera se acostaría con la sabanas mojadas de mis tachones. La enorme grandeza radica en conocer cuales son los miedos, las neuras, los cracks que uno tiene y la verdadera confianza esa que cuando uno no tiene un buen día, no te la tiran a la cara.

Porque uno es como es, un autentico cobarde, con su mala ostia en un bolsillo, pero me quedan demasiados bolsillos para todo lo demás, yo se que podría vender la piel porque alguno dejase de tener frío, tengo un montón de cosas de trapo que quizás no sepa para que sirven, quizás me quieren aunque sepan que soy de cartón piedra y metal y que a veces parezco un boxeador tratando de escribir versos con los guantes puestos.

Ellos consiguen que el bullicio de un bar con su risa a carcajadas sustituya  el camino de  vuelta a la cárcel de un hombre que acaba salir de ella y se olvido el futuro en la celda, al lado del retrato robot enmarcado que le envió su asesinado , tienen todos los mapas de los precipicios y no cobran, y si los pienso estas metáforas adquieren realeza y soltura son auténticos tratados internacionales y no una manera como otras de darle una patada en el culo a los fantasmas y que la risa de uno se la repartan todos lo mimos de esta ciudad cuando lloran.

Muchas gracias.

No sos vosotros, soy yo.

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