viernes, 1 de octubre de 2010

César Casal


Huelga: todos mienten

Jueves 30 de septiembre de 2010

Todos ganaron. Peor que en unas elecciones. O por lo menos tan sobrados como en unas elecciones. Como en las guerras, es la información la primera que recibe un tiro en la cabeza, en unas elecciones o en una huelga general sucede otro tanto de lo mismo. La primera sacrificada en los telediarios es la verdad. El yo de los sindicatos, el yo del Gobierno, el yo de la oposición, todos están convencidos de su victoria, porque todos están encantados de conocerse. Se aman a sí mismos, se adoran. Tienen una misión: que luzca su puesto de trabajo. Solo eso. Todos dicen ocuparse del nosotros de la gente. Pero solo dañan al nosotros para conservar su estatus. Entre el yo de los sindicatos y el yo de los políticos ayer se abrió más la grieta del nosotros, una grieta o vacío en el que ya están casi cinco millones de personas que no pudieron ir a la huelga, porque sencillamente no tenían trabajo al que faltar. Están en paro y su depresión solo sirve para salir en los discursos de los demás, tan ocupados en salvarlos que los hunden más y más. Lo malo de la tortura es que llega un momento en que parece que la necesitas y no puedes librarte de ella. Políticos y sindicatos nos hacen creer que los necesitamos, cuando solo son guante y látigo de la misma mano de desprecio. Ya lo escribió Shakespeare: «La verdad es el perro que hay que echar a la perrera a latigazos, mientras que la gran perra cazadora apesta junto al fuego».


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